Crece el interés por el biodiesel y las empresas ya buscan autoabastecerse

El faltante hizo que el Gobierno subiera la tasa de mezcla con biodiesel. Además, se sumaron jugadores y ya hay empresas que planean producir para el autoconsumo y evitar problemas en el traslado de mercadería.

La crisis de abastecimiento de gasoil, asociada a factores externos e internos y con su pico agudo en el momento de cosecha, reposicionó a los biocombustibles, particularmente al biodiésel, al que le habían asestado un duro golpe el año pasado, cuando la tasa de corte fue reducida del 10 al 5 por ciento por ley del Congreso.

Según datos de la Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno, en Argentina se consumen 14 millones de metros cúbicos anuales de gasoil, cantidad que se destina a abastecer los vehículos con motores diésel, maquinaria agrícola y de minería, buques, industria y hasta ambulancias. A esa cifra se agrega la que demanda la generación eléctrica, la cual, -aclara la entidad- es muy variable.

En contraposición, de acuerdo con el organismo, a nivel nacional se producen 11,5 millones de metros cúbicos, diferencia que se traduce en un déficit de abastecimiento, el cual se atribuye, principalmente, a la imposibilidad de sumar capacidad de refinamiento de petróleo en la Argentina.

Es por ello que los productores de biodiésel -que se elabora a partir del aceite de soja- defienden la capacidad de este biocombustible de aumentar la oferta, al poder mezclarse con el gasoil a niveles regulados por el Estado.


Combustible con historia

En 2010, por la ley 26.093, se exigió incorporar un 5 por ciento de biodiésel al gasoil producido en la Argentina, lo cual incentivó el desarrollo del sector y la construcción de plantas de producción. Ese porcentaje fue subido posteriormente al 10 por ciento, en un régimen de promoción.

El año pasado, cuando la ley se venció, fue reemplazada por la 27.640, la cual volvió a reducir al 5 por ciento la tasa de corte, lo que generó airados reclamos sectoriales.

Pero los problemas de transporte que se pusieron de manifiesto este año obligaron a las autoridades argentinas a incrementar nuevamente la tasa de mezcla.

Por la resolución 438 de junio de la Secretaría de Energía, se resolvió incrementarla al 7,5 por ciento, bajo el argumento de «un escenario de escasez de gasoil y altos precios, junto con un creciente aumento de la demanda interna e inconvenientes en la logística de importaciones, que dificulta un adecuado abastecimiento de los volúmenes que requiere el mercado argentino».

También en el sexto mes del año, por decreto presidencial 330, se permitió añadir otro 5 por ciento de corte por dos meses, pero esta vez de las empresas que exportan biodiésel, las cuales por la ley 27.640 de Marco Regulatorio de Biocombustibles, estaban impedidas de participar en el mercado interno de corte.

En el caso de la tasa de 7,5 por ciento (solo para jugadores que venden localmente), el precio es establecido y publicado por la Secretaría de Energía de la Nación. En cambio, la cotización de los cinco puntos adicionales provisorios por 60 días es pactada entre los refinadores de petróleo y los productores de biodiésel que antes solo iba a exportación.

Luis Zubizarreta, presidente de la Cámara Argentina de Biocombustibles (Carbio), que nuclea a las empresas exportadoras, explica que «la nueva medida permite competencia y vender al mercado doméstico».

«Lo vemos como una oportunidad, no solo para nosotros, sino para la Argentina. Producimos un combustible que tiene una calidad superior a la del fósil, lo cual es claro desde el punto de vista ambiental, y que además tiene precios competitivos», afirma el dirigente. «Justamente, lo que estamos proponiendo al Gobierno es que nos deje competir contra el gasoil que Argentina importa y ese es el modelo que nosotros venimos empujando», añade.

«Los que exportamos tenemos capacidad ociosa, producimos en escala y estamos integrados, así que somos muy eficientes y podemos vender a un precio muy competitivo«, completa. De todas formas, opina que se debería avanzar a un esquema total de competencia. «Hay que dejar este régimen reglamentado en el que se define discrecionalmente quién vende y a qué precio», concluye.

Por su parte, Víctor Castro, director Ejecutivo de Carbio, apunta que este biocombustible contribuye a «mitigar los efectos del cambio climático para reducir los gases de efecto invernadero», lo cual, afirma, ayuda a que la Argentina cumpla con los compromisos internacionales asumidos en esa materia. «Estudios del INTA indican que el uso de biodiésel con aceite de soja reduce en un 70 por ciento la emisión de gases de efecto invernadero respecto del gasoil», asevera.

«Además, la situación que generó la guerra (entre Rusia y Ucrania) nos llamó la atención a otra realidad, que es la de que tenemos un producto disponible 100 por ciento nacional, que no depende de importaciones«, enfatizó.

Castro precisó que el corte del 12,5 por ciento representa unos 800.000 m3 de oferta anual de biodiésel al mercado, que se suman a los 550.000 m3 ya existentes. «La decisión se tomó para el periodo julio-agosto, pero se extendería un mes más y, en realidad, debería ser permanente», aseguró. Y manifestó que el país está trabajando a un 50 por ciento de la capacidad instalada. «El gran driver de la producción renovable es la disponibilidad de materia prima. En Europa había créditos muy convenientes para producir biocombustibles y se hicieron múltiples plantas, pero no había materia prima», narra. Y contrapone: «En la Argentina, la disponibilidad de materia prima está dada porque tenemos uno de los complejos de molienda de soja más grandes del mundo; somos los primeros exportadores de harinas y aceites de soja y esto es lo que tenemos que aprovechar».

Además de producir para la venta en el mercado interno -a través de la mezcla con el gasoil- hay empresas que piensan en elaborar biodiésel para consumo propio, con el fin de lograr autonomía y no tener problemas de traslado de producción.

Es el caso de Las Chilcas, un establecimiento agropecuario de Córdoba que tiene actividad desde 1980 y que en 2016 instaló una planta de bioetanol de maíza la que ahora planea sumar una de biodiesel -con una inversión estimada de US$ 800.000- y otra de biogás para generación de energía eléctrica -que demandaría alrededor de US$ 1 millón- con plazo previsto para 2023.

«Lo estamos encarando por una necesidad por los problemas de abastecimiento y también ante eventuales incrementos de precios. No cortar la producción por tener combustible propio nos daría mucha ventaja y flexibilidad«, revela Mario Aguilar Benítez, director de Las Chilcas.


Un problema multifactorial

El director ejecutivo de la Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno, Claudio Molina, afirma que el faltante de gasoil no es exclusivamente una situación derivada de la coyuntura bélica internacional. «Esta situación explotó este año, pero no es un problema de ahora», resume. En primer lugar, indica que la reducción del corte dispuesta en la nueva ley de Biocombustibles sancionada el año pasado es una de las causas, porque exigió disponer de más gasoil, obligando así a incrementar la importación.

Otro de los factores que señala es el desacople entre los precios internacionales y el del surtidor. Esa diferencia -remarca- desató «una ola de compras desde el exterior en las provincias limítrofes como Misiones, Corrientes, Formosa y Salta». «El impacto de esa operatoria no está muy claro, pero ha sido mucho y, además, se dieron las condiciones para que haya contrabando», subraya. Y completa: «Por otro lado, la desesperación por la falta de un insumo crítico en época de cosecha hizo que muchos productores trataran de comprar más, para tener stock».

Sin embargo, el especialista se va más atrás en el tiempo para encontrar las principales causas de la falta de este insumo. «El problema que tenemos hoy se comenzó a gestar hace seis décadas, con el proceso de pérdida de participación del ferrocarril en el sistema de transporte nacional», describe. Actualmente, en la carga de producción agropecuaria, el ferrocarril representa alrededor del 4,4 por ciento del transporte total de la Argentina. «Se transporta un poco más de la mitad de lo que se transportaba en 1927», dice Molina.

Sin embargo, el también consultor no cree que las medidas transitorias de aumento de corte estén asociadas a una apuesta del Gobierno argentino hacia los biocombustibles. «Cuando la comprensión viene por el lado del espanto y no de las convicciones, la solución es inestable», grafica.

«Hay que ir hacia un esquema de competencia en beneficio de nuevas inversiones», considera en tanto Zubizarreta. Aclara, asimismo, que la expansión del biodiésel en el mercado internacional es difícil, por medidas arancelarias restrictivas impuestas por los Estados Unidos. «El mercado europeo también está bastante restringido para nosotros», advirtió. Y aseveró que esta situación se da en un marco «de un mundo con políticas proteccionistas». «Pensar en la salida por las exportaciones no parece lo más adecuado», finaliza.

Por Alejandra Beresovsky

El Cronista

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