Biocombustibles. Expertos destacan un fuerte crecimiento a futuro

En el Congreso Aapresid referentes y expertos del sector compartieron sus visiones y experiencias vinculadas con la producción de una energía limpia.

En medio de un cambio climático que afecta el planeta y tras la reciente sanción de una nueva ley de biocombustibles, en el Congreso Aapresid referentes y expertos del sector compartieron sus visiones y experiencias vinculadas con la producción de una energía limpia.

En primer término, Víctor Accastello, de la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA Bio), expuso sobre la importancia del asociativismo como protagonista de la cadena, así como lo que implica en un esquema de economía circular.

Destacó que la planta de ACA de etanol en Villa María, Córdoba, está en proceso de expansión para producir 270 mil metros cúbicos por año de bioetanol, “lo que significa que uno cada treinta y tres (1/33) autos nafteros de Argentina, todo el tiempo los 365 días del año, puede funcionar con biocombustible de esta planta”.

Acastello enfatizó que “el bioetanol le importa a la Argentina porque ahorra un 75% de emisiones de gases de efecto invernadero”.

“Con eso se puede cumplir los compromisos y metas fijadas en tratados internacionales. Es un dato para las petroleras porque hoy no se conciben las naftas sin bioetanol, que es el oxigenante más barato y limpio al que puedan tener acceso”, dijo.

Además describió que en la región y en particular en la producción de leche y de carne se han beneficiado con el abaratamiento en la dieta a partir de la producción de burlanda (componente de la nutrición animal), que también aporta el recupero de dióxido de carbono que se destina a uso industrial y de producción de bebidas gasificadas.

“El etanol le importa al productor de maíz porque al haber más demanda puede obtener mayor precio. En la planta de ACA Bio muelen 1200 toneladas por día y desde noviembre venidero serán 2000 toneladas diarias”, señaló.

“También le importa a la comunidad de Villa María y de la región porque genera empleos de calidad y trabajos que van en paralelo a diversos emprendimientos industriales ligados a la planta. También es significativo para la sociedad en general porque con biocombustibles respiramos un aire más limpio y puro”, añadió.

Para el diputado nacional Fabio Quetglas, es importante pensar en la relación entre la energía y el desarrollo. “En la Argentina hay una cantidad importante de fuente de energía diversa”, dijo, pero lamentó que en el Gobierno “no se vea eso como un potencial”.

Observó que recientemente la Agencia Internacional de Energía advirtió que “el mundo no necesita ni un pozo más de petróleo y que con lo que hay alcanza para el período de transición hacia un mundo energéticamente distinto”.

Por su parte, Jorge Hilbert, del INTA, dejó en claro las ventajas del uso de biocombustibles y su relación con la mitigación de los efectos del cambio climático. “Hay una necesidad imperiosa de bajar las emisiones. Nuestro país está cumpliendo con las NDC, las contribuciones nacionales al cambio climático y el compromiso de reducir las emisiones. Los biocombustibles nos dan la posibilidad de bajar las emisiones en corto período de tiempo”, ilustró.

Hilbert compartió datos interesantes de la tendencia hacia 2050. “Por un lado, el uso de la bioenergía crecerá a nivel global un 62%; el uso de biocombustibles gaseosos un 552% y el biometano pasará de representar del 14% a 60% y en ese mismo plazo se estima que el uso de biocombustibles líquidos crecerá 338%”.

Entre sus conclusiones, dijo que “la oportunidad de descarbonización y reducción de emisiones que pueden aportar los biocombustibles líquidos es muy significativo con una mínima inversión y una generación de desarrollo de empleo distribuido federalmente en varias provincias”.

Por último, Fernando Vilella, titular de la cátedra de Bioeconomía de la Fauba, destacó la velocidad de los cambios en las pautas culturales de uso y generación de energía y bioalimentos.

“Los biocombustibles aparecen en el mundo como una respuesta adecuada a la necesaria descarbonización de la economía del planeta”, manifestó y agregó que otro de los beneficios “es la baja de la huella de carbono, la reducción de importación de hidrocarburos y un balance divisas muy positivo con generación de negocios adicionales”.

“Uno de los mejores ejemplos de bioeconomía y de economía circular es la obtención de etanol a partir de maíz, que en la Argentina, además de las grandes escalas están las minidestilerías”, dijo Vilella, sumando esas condiciones a la producción de burlanda y otras energías verdes como el biogás, el calor o la electricidad.

“El sistema productivo de la Argentina, basado en buenas prácticas tiene atributos para todos los productos de clase mundial en lo referido a menores huellas de carbono y de agua, en todas las mediciones hechas hasta el presente”, dijo. Propuso sostener “un nuevo pacto verde propio, acorde con nuestros intereses y con el ambiente, pero solo sustentado en ciencia y no en creencias”.

La Nación

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