Refinerías paradas e YPF en baja

Durante las semanas pasadas, antes de decidir el aumento del 5% al 8% en los valores de los combustibles, varios inversores institucionales estadounidenses llamaron por teléfono la dirección de YPF. Los fondos de inversión querían saber si la desregulación del mercado petrolero -anunciada en septiembre- continuaba en pie o si el Estado ya estaba interviniendo en los precios de los productos que comercializa la compañía. Esa inquietud se notó en la cotización de la acción de YPF en Nueva York: está en niveles casi tan bajos como cuando se estaba cocinando su expropiación, en 2013. Se negoció a US$ 14,38.

La inquietud por conocer la situación del país fue corroborada por Clarín con tres ejecutivos que tienen inversiones en YPF y que pusieron como condición el anonimato. En la petrolera negaron que, desde afuera, les plantearan que debían realizar una recomposición inmediata de precios. Este diario adelantó el sábado que YPF iba a aumentar los valores de los combustibles, pese a que la compañía no lo confirmó ese día.

Aunque en el mercado petrolero sigue rigiendo la libre oferta y demanda, el precio local del barril es de US$ 68, por debajo del internacional. Sin embargo, aún con esa cotización, hay empresas locales que no pueden pagarlo, dado que están imposibilitadas de trasladar ese valor a los surtidores. Y si aumentan demasiado, corren riesgo de perder participación de mercado a manos de YPF. La petrolera estatal posee más de un 55% de participación en el mercado de las estaciones de servicio.

La refinería de la quebrada Oil en San Lorenzo no funciona. Tampoco una de Trafigura en Bahía Blanca. Esa empresa se la compró a Pampa, pero está sin actividades en las últimas semanas, sin explicaciones al respecto. Varias estaciones de servicio “blancas” que no tienen bandera aseguran que no están siendo abastecidas y no pueden funcionar.

YPF posee los precios más bajos del mercado. Sus incrementos fueron inferiores a los de Shell, por ejemplo. Pero si la demanda de los consumidores que iban a esas estaciones se fuga hacia YPF, la petrolera estatal también estaría en problemas. Parte de su gasoil lo importa y tendría que requerir de mayores importaciones -en dólares- para cubrir esos requerimientos.

La acción de YPF se está comercializando en torno a los US$ 15. Esa cotización es inédita para ciclos alcistas en el precio del petróleo. Hay que remitirse al verano de 2013, cuando la expropiación de YPF se estaba cocinando, para encontrar algo similar. Los otros momentos de caída en el papel fueron coincidentes con un descenso del crudo, como sucedió en el verano de 2016, donde hubo un desplome global de ese commodity.

“Ningún accionista de una empresa puede actuar en contra de los intereses de la empresa”, detallan representantes de inversores petroleros en relación a YPF. Entienden que el Estado nacional -controlante del 51% de YPF junto con las provincias- podrían incurrir en esa conducta, al no permitir incrementos en los valores de los combustibles que se ajusten a la devaluación.

Una de las ideas que flota en las petroleras es que el Gobierno libere el segmento de combustibles “premium”, que subieron más de un 8% desde el sábado. Entienden que no se trata de un producto básico y que les permitiría recomponer el margen que están perdiendo al no aumentar la “súper” en los niveles que quieren.

Por Martín Bidegaray
Clarín

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