En tres años los residuos del shale crecieron un 83%

Se trata de los desechos sólidos generados en la producción no convencional. El salto interanual que acaba de medir Neuquén fue del 13%.

La cantidad de residuos generados por la industria petrolera en Vaca Muerta dio un salto de escala en los últimos tres años, en sintonía con el proceso de inversiones que tuvo lugar hasta finales del año pasado, antes del actual ciclo de crisis.

Entre el 2016 y el 2019 hubo un aumento del 83% en el volumen de desechos sólidos, en su mayoría, por la perforación de pozos no convencionales. Mientras en el primer año se registraron 175.225 metros cúbicos (m3), en el último de los períodos fueron 321.500 m3 en ese rubro.

En el mismo lapso, se pasó de registrar 28.754 m3 de residuos líquidos a 1.706.221 m3, un enorme salto que tiene que ver con la aplicación de las nuevas normativas provinciales que obligaron a las empresas a declarar de un modo más preciso el agua de retorno de los pozos y el tratamiento al que se someten estos desechos.

Es la foto completa de tres de los años que mostraron niveles de actividad como nunca antes había sucedido en el sector shale, si bien hace una década que las principales operadoras del sector incursionan en este segmento de la industria.

La información oficial de la subsecretaría de Ambiente de la provincia indica que en el 2019, los datos que acaba de procesar el organismo, hubo un salto interanual del 13%,6% en la generación de residuos sólidos y del 18,9% en líquidos.

En el primero de los casos, como se informa más arriba, se registraron un total de 321.500 m3; en tanto que en el segundo caso fueron 1.706.221 m3 generados en buena medida en áreas de Vaca Muerta (habían sido 1.443.600 m3 en 2018).

Se trata de las dos grandes corrientes de residuos procesados en la seis plantas de tratamiento ubicadas en el ejido urbano de Añelo, sus cercanías y en el conglomerado de Plaza Huincul-Cutral Co.

El incremento de los volúmenes de desechos que salen de las áreas de petróleo y gas habla en buena medida del nivel de actividad durante los últimos tres años, con un ritmo de 350/400 pozos anuales perforados en la provincia.

Los residuos catalogados como sólidos son principalmente recortes de perforación de esos pozos, cuya extensión en los últimos años fue en aumento, con ramas horizontales que hoy llegan a los tres kilómetros de desplazamiento en tramos de la formación Vaca Muerta.

Parte de los residuos son generados por las etapas de fractura, el fracking, una de las principales características de los pozos no convencionales.

Esa técnica es hoy casi una convención para medir la productividad por pozo: a mayor cantidad, más generación de hidrocarburos en una perforación dada.

En paralelo, la otra gran corriente de residuos es la del flowback, el agua que devuelven los pozos en medio del proceso de perforación, como se menciona más arriba, la principal cantidad de residuos son líquidos. Parte de ellos provienen de la inyección de agua a gran presión, la técnica para generar capilaridad en la roca de donde se extraen los hidrocarburos no convencionales.

Esta porción de los residuos del shale suele tener dos destinos. Se reutiliza en otras operaciones, como el caso de la recuperación secundaria de pozos, una técnica para incrementar la producción de crudo en viejos pozos, si bien en la etapa de desarrollo masivo de un área el líquido es inyectado en pozos sumideros o trasladado a plantas de procesamiento.

Tal como lo informó este medio meses atrás, en la provincia hay unos 57 pozos que cumplen esta función.

Se trata de perforaciones autorizadas por Ambiente, en las que el líquido es inyectado en una formación geológica ubicada a miles de metros de profundidad, que por sus características puede ser utilizada para tal fin. En Neuquén, muchas empresas depositan estos desechos líquidos en pozos que terminan en la formación Centenario.

La ley, la responsabilidad de las generadoras, y el tratamiento

De acuerdo a las normativas vigentes, una empresa que genera los residuos en la industria petrolera es la responsable en todo el camino que va desde la generación hasta su disposición final. Esto incluye aspectos tales como el transporte, el ingreso a una planta de tratamiento y el destino final de ese residuo, al margen de que en esta etapa esté en manos de una empresa especializada.

La ley nacional 24.051 de residuos peligrosos establece ese tenor de responsabilidad del generador y fija que el eventual daño “por los residuos peligrosos no desaparece por la transformación, especificación, desarrollo, evolución o tratamiento de éstos, a excepción de aquellos daños causados por la mayor peligrosidad que un determinado residuo adquiere como consecuencia de un tratamiento defectuoso realizado en la planta de tratamiento o disposición final”.

También señala que “el dueño o guardián de un residuo peligroso no se exime de responsabilidad por demostrar la culpa de un tercero de quien no debe responder, cuya acción pudo ser evitada con el empleo del debido cuidado y atendiendo a las circunstancias del caso”.

Es por eso que, en buena medida, la creciente escala de los desechos de los no convencionales tiene a las operadoras como un factor central a la hora de calibrar qué será del reino de lo posible en los próximos años en materia de producción.

Actores clave de un desarrollo que puede ser fundamental para la economía argentina, serán también primordiales para establecer el rango de sustentabilidad de una industria que despierta cuestionamientos en algunos sectores sociales.

En su andamiaje jurídico para el abordaje del impacto ambiental del sector petrolero, Neuquén suma los dos tramos principales de la ley nacional consignada más arriba y lo hace a través del decreto 2263/2015.

Esa normativa fue parte de la respuesta con que la provincia asimiló la necesidad de establecer un marco legal luego de obtener la potestad en el manejo de los recursos naturales y ante la nueva escala que imponía la producción shale.

Parte de esa transferencia de los recursos, obrada en 2006 por el entonces presidente Néstor Kirchner, a partir de la modificación de la reforma constitucional del 1994, implicó un costado negativo en materia ambiental.

Junto con las áreas productoras, Neuquén, al igual que el resto de las provincias petroleras, recibió los pasivos ambientales generados durante décadas que en adelante también debió administrar.

Neuquén, en ese momento, atacó el problema introduciéndolo en la renegociación de contratos petroleros del 2008.

Allí puso como condición para las petroleras que quisieran acceder a la extensión de los contratos, que asumieran la remediación de esos pasivos ambientales. La provincia asegura que desde entonces se sanearon cerca de 1.100.000 metros cúbicos de suelos que habían sido afectados en los desarrollos históricos del sector en la provincia. Ese plan todavía hoy sigue en marcha.

La trazabilidad

Estos miles de metros cúbicos de residuos generados cuentan con un protocolo de seguimiento. Parte de eso tiene que ver con su trazabilidad. Esto es, el control desde la generación en un área petrolera determinada hasta el destino final.

Hay una serie de conciliaciones de declaraciones juradas entre el generador, las transportistas y los operadoras acerca de los volúmenes generados, transportados y efectivamente tratados, de modo de establecer que sucedió con un recorte o líquido de un área petrolera.

Se aplica también un “manifiesto electrónico” para la trazabilidad de los residuos y la cubicación de desechos almacenados en plantas con drones, mediante cálculos de volumen por fotografías aéreas, e inspecciones en los puntos de tratamiento y de disposición final.

Es parte del dispositivo de controles crecientes a partir de los mayores volúmenes generados. Los últimos años dieron una muestra de la rapidez con la que hay que actuar para evitar un impacto mayor en el ambiente, en momentos en que la escala de la producción permite la planificación de los próximos años y de cómo la industria y el Estado harán del shale algo sostenible, un requisito sustancial para la renovación de la licencia social para las operaciones en Vaca Muerta.

Por Fernando Castro
La Mañana de Neuquén

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