Buscan contener las subas de los combustibles

En la secretaría de Energía están convencidos que la desregulación en el mercado de los combustibles es el camino correcto. No les convence ninguna solución “intervencionista” para los precios. Sin embargo, estiman que la última remarcación -del 10% al 12%- ya alcanzó para cubrir los márgenes de las petroleras. Como consecuencia, creen que no debieran registrarse próximos incrementos en los meses siguientes. O, al menos, que deben ser bastante menores al último.

El secretario de Energía, Javier Iguacel, prefiere el diálogo con los ejecutivos de las empresas por separado, antes de sentarlos a todos en la misma mesa. Cree que las compañías se mueven por diferentes estrategias comerciales y que es injusto ponerlos a todos “en la misma bolsa”.

Puertas adentro, Iguacel tiene tanto elogios como críticas a las petroleras, según cuentan distintos interlocutores. Por un lado, aplaude el trabajo hecho en Vaca Muerta, pero por otro observa con cierta disconformidad la conducta en relación a la “refinación”, el proceso en que las petroleras convierten sus productos en naftas y gasoil.

El ministro sabe que la refinación está concentrada en tres grandes jugadores: YPF, Shell y Axion. Una alternativa para romper con ese esquema serían las importaciones, pero es improbable dada la volatilidad actual. Por un lado, el dólar está muy alto y las compras en el extranjero corren por cuenta de las mismas empresas que dominan el mercado local.

La sugerencia oficial es que las petroleras deben trabajar para bajar sus costos y reducir ineficiencias. Iguacel pone como ejemplo que se logró ese cometido en Vaca Muerta. Sin embargo, posa la lupa sobre las operaciones de los refinadores y allí ve terreno para mejorar. Entiende que, tras la última suba, las firmas locales están con niveles de rentabilidad que nada tienen para envidiarle a los obtenidos por petroleras estadounidenses.

En su escritorio, Iguacel posee algunos números que quiere dialogar con las petroleras. Como pasó por la industria (fue vicepresidente en Pluspetrol), supone que la rentabilidad del sector es razonable, por lo que ya no deberían pedir más aumentos. “Puedo diferenciar entre las ganancias de una empresa y el extra que quieren hacer algunos ejecutivos para garantizarse el bono de fin de año” es una frase que el ministro ya utilizó en algunas ocasiones.

La nafta súper aumentó un 46% durante este año y la “premium” subió un 51%. Como Iguacel se convirtió en ministro a mediados de junio, los aumentos que ocurrieron en su gestión son los de julio, agosto y septiembre. Acumulan un 25% para la súper y 29% para la premium. También coinciden con la mayor devaluación.

En el Gobierno dicen que la mayor parte de los costos de las petroleras (como los salariales) para obtener petróleo están en pesos. En cambio, sus ingresos cuando venden ese mismo petróleo crudo siguen la apreciación del dólar. Eso les genera una diferencia de dinero a su favor, estiman fuentes oficiales.

Esa visión no es compartida por las petroleras. Allí recalcan que, en refinación, están un 25% por debajo de lo que deben cobrar para salvar los costos.

Las petroleras accedieron a reducir en dólares el precio del gas que le cobran a las distribuidoras. El millón de BTU (la unidad de medida del sector) estaba pautado a US$ 5 antes de su gestión y ahora las compañías acceden a percibir US$ 4 por ese fluido. El ministro de Energía lo ve como un gesto positivo, fruto de la inversión de las compañías en yacimientos como Vaca Muerta.

El ministro apuesta al diálogo con los ejecutivos de las petroleras. Supone que podrá convencerlos para que concreten ciertas correcciones y eso impida futuros incrementos fuertes. Aunque avizora una dinámica de trabajo como un “ida y vuelta” donde las partes se escuchan, también cavila algunos conceptos que quiere proponer a sus contrapartes.

Por Martín Bidegaray
Clarín

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