Por qué era inviable el proyecto de GNL de YPF

Los detalles del contrato exponen uno de los peores acuerdos de la historia de la petrolera. El contexto en el que se firmó, los 800 millones que se ahorró y lo que ganó y perdió.

La barcaza Tango FLNG de Exmar Energy puede ser considerada como la pesada herencia de la gestión del expresidente de YPF, Miguel Gutiérrez, y los argumentos para sostener esta afirmación son robustos. Un proyecto que en teoría representaba el deseo exportador de YPF pero que a final de cuentas lo único que hacía era condicionar el futuro de la compañía.

Resta solo ver algunos de los detalles del contrato para entender por qué era una apuesta inviable bajo las condiciones que los propios directivos acordaron la empresa belga Exmar Energy. Pero antes de sumergirnos en los números finos es necesario repasar algunas decisiones políticas que se tomaron previo al arribo del barco.

El 29 de octubre de 2018 el expresidente, Mauricio Macri, junto al exsecretario de Energía, Javier Iguacel, despidieron el barco regasificador de Bahía Blanca en un acto de no más de 10 minutos. Una decisión que le costó caro a su propio gobierno y que incluso analizó el retorno del barco en 2019, pero optó por gastar más para cubrir la demanda en invierno.

En noviembre de 2018 las autoridades de YPF sellaron el contrato de alquiler de la barcaza Tango FLNG y con eso el macrismo celebró que por partida doble: no solo se iba el barco regasificador sino también que llegaba la oportunidad de exportar. Lo cierto es que el tiempo demostró que fueron dos decisiones que le costaron caro al país y a la petrolera de bandera estatal que muchas veces cumple el rol de ser el caballo de batalla de los gobiernos de turno.

Detalles del contrato:

Al cierre de 2018 YPF firmó un contrato a 10 años con la empresa Exmar Energy por el alquiler de la barcaza por una suma superior a los 1.000 millones de dólares. La única forma de que ese contrato hubiese sido rentable es si la petrolera vendía el gas un precio superior a los 10 dólares por un millón de BTU, pero sus ventas nunca superaron los 3,20 dólares.

Incluso para el 2021 el precio internacional se estima que rondará entre los 4 y los 5,50 dólares y no solo no se proyecta que en el corto plazo se alcancen los 10 dólares, sino que para ver un precio de mercado superior a ese valor hay que mirar más de 5 años para atrás.

10 dólares el millón de BTU es el precio que necesitaba YPF para hacer rentable el proyecto, pero nunca superó los US$ 3,20.

Otro de los problemas sin lugar a dudas fue la escala del Tango FLNG: la barcaza podía procesar unos 2,5 millones de metros cúbicos por día, con una capacidad de almacenamiento de 16.100 metros cúbicos de GNL. Tanto la capacidad de procesamiento como la de almacenamiento eran bajas, esto también generó que fuera muy difícil injertarlo en el mercado.

Esto se traduce en que Argentina salió a competir a un mercado controlado por unos 20 países en el que todos cuentan con plantas licuefactoras que multiplican la capacidad de procesamiento de la barcaza, con volúmenes muy bajos. Y para sobrevivir necesitaba vender a precios que nadie consigue y nadie paga.

10 años era la duración que tenía el contrato con la firma Exmar Energy, vencía en el 2029 y era por una suma superior a los US$ 1.000 millones.

No hay que olvidar que el proyecto además era un piloto, y para firmar un contrato tan desventajoso como el que se firmó -para cualquier empresa petrolera del mundo- lo más lógico hubiese sido un acuerdo por menor duración o, al menos, con un sendero descendente de costos. Lo cierto es que ninguna de las condiciones que se acordó explica el porqué del contrato por 10 años.

Según cálculos del mercado, de no rescindir el contrato, la petrolera de bandera iba a terminar perdiendo otros 800 millones de dólares hasta 2029. Comparada a esa suma, que equivalente a 80 pozos en Vaca Muerta, los 150 millones (15 pozos) que le costará a YPF la recensión del contrato resulta en un número menos gravoso para las ajustadas cuentas de la compañía.

Qué opciones había

Las opciones que tenía la firma eran tres: buscar un acuerdo de rescisión como el que se acordó que además permite pagar más de la mitad en 18 cuotas. Perder 800 millones de dólares hasta 2029 y continuar trabajando el GNL. Resolver la situación en un tribunal internacional donde la derrota estaba más que garantizada.

Lo único destacable de lo que se firmó es que por un año la petrolera exploró el mercado de GNL y tuvo su experiencia, algo que queda como un activo. A pesar de los pequeños envíos, mercado hubo y da buenas perspectivas para el futuro.

Lo que queda claro es que en contexto de pandemia o no, es un contrato que no hubieses sobrevivido en el tiempo y por sus condiciones hubieses sido cancelado igual. Acá lo que se terminó no es el sueño de la Vaca Muerta exportadora de gas sino simplemente un contrato inviable que no cerraba por ningún lado.

Por Matías del Pozzi
Rio Negro

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