Naftas: cuál es el precio que les «sirve» a los expendedores

La suba aplicada ayer alivia pero no es suficiente en un contexto de dólar «inquieto». Miles de estaciones de servicio, en riesgo de desaparecer

El incremento promedio del 2,5 por ciento aplicado a las naftas en las primeras horas del lunes no sería el último de 2020. E incluso el nivel de «retraso» en el valor de los surtidores que siguen observando las petroleras impulsaría otra suba en la primera parte del año próximo. Así lo indicaron desde el ámbito del expendio, desde donde se indicó que una nueva escalada del dólar incluso podría desembocar en aumentos sucesivos para nivelar de alguna forma la diferencia existente entre el costo de producción y el precio del producto en las estaciones de servicio.

La suba de estas horas alienta la preocupación entre los empresarios de la comercialización, quienes exponen que elevar los precios sólo redundará en un baja mayor de los niveles de venta. Previo al aumento, la demanda de naftas venía mostrando una caída promedio del 30 por ciento respecto de igual período pero del año pasado.

Sin embargo, reconocen que las petroleras aún se encuentran al menos 6 puntos por debajo del equilibrio tras los últimos saltos del tipo de cambio.

A partir del aumento aplicado ayer, el litro de nafta súper pasó a valer 63,60 pesos, mientras que su similar pero premium ya cotiza a 73,40. El gasoil, en tanto, trepó a 59,40, y la opción más cara de este combustible ahora cuesta 69,50. Vale aclarar que estos son los precios pautados para el ámbito de la Capital Federal.

«Antes de esta suba, el sector reconocía estar más de 8 puntos abajo. Este incremento deja todavía una diferencia de algo más de 6 puntos, que se comenzaría a achicar con distintos aumentos en el final de este año y el verano. Esa es la suba que, dicen las empresas, les permitiría tener un rendimiento económico relativamente normal», dijo Guillermo Lego, gerente de CECHA, la confederación que integra a los actores del expendio.

«Por supuesto que esta diferencia, que ahora parece más corta, está atada a la evolución del dólar. Se necesita un tipo de cambio estable. Si ocurre una nueva escapada, otra vez estaremos hablando de una necesidad de aumentos mucho más fuertes. Para el expendedor una situación así puede ser fatal ya que la demanda sigue muy deprimida», añadió.

Lego sostuvo que la combinación del escenario de pandemia y recesión complicó enormemente la supervivencia de las estaciones de servicio, pero al mismo tiempo comentó que la producción de naftas también perdió rentabilidad a partir de un mercado más chico en términos de ventas y una materia prima que se encareció en moneda estadounidense.

El litro de nafta súper pasó a valer 63,60 pesos en las estaciones de servicio de Capital.


«Antes los incrementos no se sentían demasiado en la demanda, el consumidor los asumía y seguía comprando. Ahora eso cambio, hay un uso acotado del auto, la gente carga mucho menos. A fines de julio pensábamos que lo que venía era la recuperación fuerte. Una venta sostenida, en alza. Hoy transitamos una meseta que se extiende desde entonces. Y que derivado en que la mayoría de las estaciones de servicio no sepa si resistirá al verano», expresó.

Sector en situación de desastre

A tono con esto último, un trabajo de CECHA reveló recientemente que 3 de cada 5 estaciones de servicio corre el riesgo de cerrar definitivo, mientras que el 85 por ciento de los sitios de venta no podrá sostenerse en el mediano plazo si la situación -en términos de demanda- no mejora.

«A ese cuadro se suma que las estaciones fueron excluidas a partir de este noviembre del programa de Asistencia al Trabajo y la Producción», se indica. Para luego afirmar que «la circulación restringida o limitada hizo que las ventas queden estancadas en valores un 32.9 por ciento más bajos que previos a la pandemia.»

A pedido de CECHA, la consultora Economic Trends elaboró un estudio en el cual se expone que una estación necesita vender al menos 292.000 litros de combustible al mes para poder alcanzar el «punto crítico», esto es, el umbral con el que llegan a cubrir los costos operativos. «Hoy, el 67,1 por ciento de las estaciones del país no lo supera. Trabajan directamente a pérdida«, afirma.

Por la pérdida de rentabilidad, 3 de cada 5 estaciones de servicio corre el riesgo de desaparecer.


Por la pérdida de rentabilidad, 3 de cada 5 estaciones de servicio corre el riesgo de desaparecer. «Esta situación se viene extendiendo desde el comienzo de la pandemia, por lo que muchos estacioneros decidieron sacar créditos, usar ahorros o vender bienes para mantener los puestos de trabajo funcionando, a la espera del final de la pandemia. Sin embargo, el paso de los meses erosionó los recursos y la falta de una pronta salida hace que ese 67 por ciento hoy corra serios riesgos de cerrar sus puertas», indica el informe.

Sólo entre los asociados a la confederación existen alrededor de 3.300 estaciones de servicio al borde de la quiebra. De ocurrir, esto redundará en la pérdida de al menos 40.000 puestos de trabajo.

Por Patricio Eleisegui
iProfesional

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