El COVID-19 también impactó de lleno en el GNL

El derrumbe de los precios postergó inversiones. Es un escollo adicional al proyecto de aumentar la escala de producción con los recursos de Vaca Muerta a largo plazo.

Al igual que al petróleo, el coronavirus produjo una hecatombe en el creciente mercado del GNL (gas natural licuado), que arrastró los precios y a nivel local acentúa los interrogantes acerca de si Vaca Muerta podrá sumarse a las grandes ligas del comercio de gas transportado en barcos.

A fines del 2019, los precios declinaron por un desbalance entre oferta y demanda por la aparición de nuevos proyectos de licuefacción y un aplanamiento de la curva de consumo de los países asiáticos. La tendencia siguió al finalizar el invierno en el Hemisferio Norte y por la pandemia surgida en China. Los precios cayeron de u$s 4 a u$s 2,80 el millón de BTU.

Gabriela Aguilar

“Algunos proyectos de licuefacción se están replanteando, ya sea para retrasar la inversión o bien cancelarlos. Eso va a hacer que dentro de dos o tres años se empiece a recuperar el precio por un balance entre oferta y demanda”, señalo Gabriela Aguilar, gerenta general de Excelerate en Argentina, que opera el buque regasificador de Escobar.

Algunas consultoras esperan que este año la cotización se estabilice en torno a los u$s 3,50 el MBTU, para crecer hasta los u$s 4,50 en 2021 y a u$s 5,50 en 2022. Antes de la pandemia, se estimaban precios en los u$s 7.

La coyuntura es una buena noticia para la Argentina, que debe importar GNL para atender los picos de demanda durante el invierno. “Ahora hay un exceso de oferta y cancelación de cargamentos, por lo cual el país se está beneficiando. IEASA tomó buenas decisiones en términos de ir escalonando las compras en base a la evolución de los precios”, consideró Aguilar.

A largo plazo, la industria gasífera está esperanzada en que el país se convierta en un jugador de peso en el mercado global del GNL de la mano de Vaca Muerta. El único proyecto en marcha es el barco de YPF que licúa gas en Bahía Blanca, cuya operación estará paralizada al menos hasta septiembre porque la producción local es necesaria para atender el consumo invernal. Luego, la petrolera estatal deberá decidir si continuar o no con el negocio ante los bajos precios.

Puerto de Bahía Blanca

Además, Transportadora Gas Del Sur (TGS) y Excelerate evalúan la construcción de una planta modular en Bahía Blanca. Sigue el trabajo técnico y ahora decidirán en conjunto si van a posponer esta inversión pensada para fines de año.

La idea es construir primero un módulo para procesar 4 millones de m3 diarios, con una inversión de u$s 400 millones. El proyecto global sería de cuatro módulos que demandarían u$s 1600 millones. “Al no haber posibilidades de evacuación en verano, hay una canibalización del precio para poder inyectar y no tener que reducir producción”, señaló Aguilar.

Nadie va a hacer una inversión grande para vender a precios bajos o tener que cerrar pozos, menos aún en un contexto de restricción financiera y de gran incertidumbre global. Hay que darle instrumentos al productor para que cuando tome la decisión de invertir, sepa que esa producción va ser estable, la va poder vender”, añadió.

Por Cristian Navazo
La Mañana de Neuquén

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