Con alta capacidad ociosa, aceiteras apuntan a las petroleras

Un nuevo capítulo de la batalla entre refinadoras y productores de biocombustibles se libra por el costo fiscaldel régimen de promoción y la conveniencia ambiental de diversificar la matriz.

Por fuera de las exportaciones agropecuarias, la industrialización de la soja y el maíz para su transformación en biodiesel y bioetanol y su consumo interno mezclado con gasoil y naftas está en crisis desde hace ya un año.

Y la batalla que las enfrenta a las refinadoras por el cupo de entregas escala al tiempo en que las plantas procesadoras están paradas u operando a la mitad de su capacidad.

Después de que conocieran el adelanto de un informe que preparan las petroleras en relación al costo fiscal del régimen de promoción de los biocombustibles, que alcanzó los u$s 6000 millones en 15 años y los u$s 4325 millones desde 2010, los productores de la Región Centro del país (principalmente, de Santa Fe y Córdoba) pusieron el grito en el cielo y reaccionaron con otro estudio en el que destaca las ventajas de usar combustibles limpios en los vehículos.

El resumen ejecutivo del documento de la Cámara Santafesina de Energías Renovables, que integra la Liga Bioenergética Federal, señala que los biocombustibles contribuyen al «desarrollo de las economías regionales, industrialización de la producción primaria en origen, sustitución de importaciones, preservación del medio ambiente y la diversificación de la matriz energética».

La industria de los biocombustibles en Argentina tiene 10 años de pleno funcionamiento operativo, con 54 plantas situadas en 10 provincias (Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa, San Luis, Santiago del Estero, Tucumán, Salta y Jujuy), que emplean a casi 60.000 personas en el Interior del país, entre puestos directos e indirectos.

Mientras las grandes empresas operan a un 50% de su capacidad o menos, Juan Facciano, director de Albardón Bío y miembro fundador de la Cámara de Empresas Pymes Regionales Elaboradoras de Biocombustibles (Cepreb) comentó que las pymes de biodiesel están paradas a la espera de un aumento del 10% en el precio, que fuentes del sector creen que treparía a $ 48.500 por tonelada. En la Secretaría de Energía lo desmienten y contestan: «¿Tienen la bola de cristal?».

«Proponer volver al sistema de exportación primaria del poroto de soja o grano de maíz es anacrónico», respondieron los productores de biodiesel al pedido que vienen haciendo las petroleras.

La ecuación es simple: cuanto mayor cupo de biocombustibles haya en el mercado interno queda un menor saldo exportable y un mayor precio, aún con las retenciones; mientras que del otro lado, las refinadoras -en especial las integradas, como YPF y Axion- pierden ventas del petróleo que producen.

Por el contrario, si se agrava y se desmantela la industria del biodiesel y el bioetanol en Argentina, habrá mayores saldos exportables de soja y maíz y caerá el precio que perciben los productores primarios, mientras que las petroleras colocarán más crudo de Vaca Muerta y otras cuencas convencionales, además de las crecientes emisiones de dióxido de carbono hacia la atmósfera.

En lo económico, en las cámaras de biocombustibles indicaron que «entre el 2010 y 2019, se importaron 36,5 millones de metros cúbicos de gasoil, que generaron salidas de divisas por más de u$s 23.360 millones», mientras que durante el mismo período «se utilizaron 10,8 millones de metros cúbicos de biodiesel, que significaron un ahorro de divisas por sustitución de importaciones por más de u$s 6900 millones». Esa es la respuesta que empezarán a movilizar en estos días para subsistir en un momento de crisis.

Por Santiago Spaltro
Cronista

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